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miércoles, 24 de enero de 2018

¿Qué buscáis en un club de lectura?



Quedé con unas amigas este fin de semana. A una de ellas, R., la conozco y quiero desde la infancia, para ser sinceras, desde la preadolescencia; a las otras dos, M. y Z., las conocí en un foro literario.  R. ya lo sabía, siempre se disculpa porque dice que no lee mucho y no participa en actividades literarias, aunque le gustaría.  No la creáis: lee bastante, más por temas profesionales, algo menos de otros temas en el tiempo libre que le queda.  

Aproveché un evento al que me invitó M. para verlas a ella y a Z. y, de paso, quedar también con R.,  que tampoco es que tengamos tantas oportunidades para vernos.  Ni que decir tiene que entre otros temas, los libros y los clubes de lectura tuvieron un porcentaje elevado de atención en nuestras conversaciones.  Sobre todo el tema de "es que no tengo tiempo yo de apuntarme a un club".

Imagen de Catarina Sobral, tomada de un artículo de la Universidad de León
Bueno, queridos míos, qué os voy a contar que no sepáis. Con las nuevas tecnologías, las posibilidades de encontrar un club que se adecúe a nuestras necesidades y gustos se multiplican: no necesitamos un espacio físico para reunirnos, fijaos en Goodreads, o en Facebook, la cantidad de grupos que hay para compartir nuestras opiniones literarias, mostrar fotos de nuestros tesoros librescos o resaltar citas que nos llaman la atención.


Mientras estaba preparando esta entrada, me he encontrado con que mis habilidades telepáticas siguen funcionando a tope (algo que ocurre cada vez con más frecuencia, tendré que estudiar este fenómeno), porque una revista ha publicado un artículo sobre clubes de lectura en su edición semanal. Casi hago como en ocasiones anteriores, pensar ¡oh, ya se me han adelantado! y retirarme con elegancia a mis aposentos. Pero mejor no, que seguro que algo puedo aportar aún. 


Aportar. Esa es la palabra. Lo que a mí me han aportado los clubes de lectura. Desde el colegio, pasando por la universidad y la biblioteca de mi barrio, siempre he estado en alguno, con más o menos asiduidad.  Y, ¿por qué?

  • Soy una cotorra. Me encanta hablar y leer, y poder hablar de leer ya es lo más. En un club de lectura se habla de los libros que has leído. Más concretamente, del libro que todos hemos leído. Sabemos de lo que hablamos. 

  • Conoces gente afín, a la que le gustan los libros y hablar de ellos.  Aunque el título que toque no les haya gustado, compartir la experiencia lectora suele enriquecer. 

  • Aunque no es obligatorio, suelen tener lugar en librerías, bibliotecas, bibliocafés u otros lugares donde puedes husmear entre libros e incluso comprar alguno, total, siempre nos faltan libros. 

  • Descubres historias, autores y géneros nuevos. Así he descubierto algunas joyas a las que no me habría acercado de otra manera. Puedes proponer títulos, aunque no siempre se lee el que tú quieres (democracia, oh), así que para participar debes adentrarte en lo desconocido. Reto al canto, el mundo es para los valientes. 

  • Pueden surgir actividades relacionadas con los libros: ir a ver la peli de un libro, asistir a una presentación con autores, hacer excursiones para comprar libros, ir a tomar café y hablar del buen tiempo que hace, excursiones gastronómicas... o lo que se tercie, aunque no tenga que ver con los libros. 


  • A veces llevan pasteles.   En el caso de los clubes virtuales, los pasteles también son virtuales, con lo que tienen la ventaja añadida de reducir el consumo de azúcar 😏, aunque se lean textos almibarados. 




Tienen una desventaja, claro, nada es perfecto:  TE HACES ADICTO. Acumulas y acumulas títulos en tu lista de lecturas pendientes, te apuntas al club mensual, al quincenal, al monográfico del autor X, al de literatura histórica, novela negra o lo que surja...  Os lo advierto, tomadlo con moderación. Yo me metí hace unos años en  

👉este foro👈 
 (pinchad en el enlace anterior, si os atrevéis) 


y mi vida cambió.  


UTILICE ESTE FORO CON PRECAUCIÓN
CONSULTE A SU MODERADOR EN CASO DE DUDA
PASE POR EL CLUB DE LECTURA BAJO SU PROPIA RESPONSABILIDAD
DEJAR AL ALCANCE DE PERSONAS DE DIFERENTES EDADES



Y vosotros, ¿habéis participado alguna vez en un club de lectura? 




lunes, 19 de diciembre de 2016

Sí, leo best-sellers ¿y qué?




Desde principios de año, estaba intrigada. Durante mis viajes hacia el trabajo, había visto a varias personas con la nariz incrustada en un tocho, sin levantar la vista en todo el trayecto. Esto es normal, digan lo que digan, en este país se lee, y mucho. Pensé que tras las navidades, probablemente habrían caído varios regalos literarios y no tenían por qué ser actuales: Un Rothfuss, un Zafón, un Follett... las obras completas de Shakespeare ¡Qué sé yo!

El caso es que coincidí varios días en mi parada con una muchacha que casi se queda en tierra más de una vez por estar leyendo como una posesa, así que como buena curiosa que soy un día le pregunté que qué leía y me dijo "¡Soy Pilgrim! ¡No la conoces! ¿te gustan las novelas de espías? ¡Esta es de lo mejor que he leído en mucho tiempo!" (Así me lo dijo, sí, con todas esas exclamaciones). Ya me contó que si era muy actual, que le estaba dando un poco de mal rollito porque le parecía tan verosímil, tan contemporánea, pero que no podía parar.  Y me recomendó que la leyera.

Y mientras estaba preparando esta entrada, mira por donde me encuentro que Manuela, de Entre mis libros y yo,  hace una estupenda reseña aquí  antes de que me dé tiempo a publicar mis impresiones.

Conociendo el título, investigué un poco; que si era lo mejor que se había escrito después de Forsythe, que si ochocientas páginas parecen treinta, que si estaba tan bien documentada que era escalofriante, bla, bla, bla.

Qué queréis.  Tenía que leerlo. Y me gustó. Y a mi señor esposo. Y a nuestro hijo. Porque es trepidante, porque (suponemos) está bien documentado y conocemos de primera mano la historia, los lugares, los sentimientos. Porque son capítulos cortitos con cliffhangers (*) . Vamos, lo que viene siendo un Best-seller en toda regla. Y es que los Best-sellers gustan, por eso se venden tan bien. O no gustan, porque te los lees cuando te los recomienda alguien a quien le ha gustado y no coincidís en nada y no le vuelves a hacer caso nunca más, que los euros son los euros y el espacio en las estanterías también, y esa suele ser otra característica de los Best-sellers, son caros. Y para justificar el precio los editan en pastas duras, formato grande y portada vistosa, los puedes regalar y quedas bien (o no).

En una de mis lagunas lectoras, volví al redil con estos libros. MEG de Steve Alten, Las hormigas de Bernard Werber, La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, me devolvieron la chispa que encendió mi deseo lector, y por ello les estoy agradecida. Reconozco que algunos no están especialmente bien escritos, tienen tramas que cojean o se inventan hechos históricos... Pero también me gusta ver Misión imposible o la saga de las aventuras del bibliotecario. Aunque os esté dando la impresión contraria, también discrimino, ¿eh? que no leo ni veo cualquier cosa.



Durante las filologías teníamos que leer muchos libros; daba igual que nos agradasen más o menos, pero teníamos que destriparlos desde varios prismas críticos, con un plazo determinado, para entregar trabajos, y otras obligaciones que no nos agradaban tanto. Me divierte que mi hermana, filóloga también, diga que su autor favorito (**) es Stephen King.  Y me divierte porque la gente se echa las manos a la cabeza, esperando que nuestra respuesta sea James Joyce o Shakespeare. (Quien, por cierto, en mi opinión, era un señor que escribía mucho, mucho, mucho, para ganarse el pan con sus representaciones teatrales que tenían que gustar al amplio y llano público de aquel entonces. Ya sí queréis, de mi amigo William hablamos otro día).

¿Y vosotros, leéis Best-sellers?



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(*) Para quien no conozca el término, de acuerdo con la Fundeu, son esas escenas impactantes con las que concluye un capítulo o temporada, usadas intencionadamente para dejar al espectador-lector con el gusanillo y que siga enganchado . (Los guionistas en España lo llaman dejar las tramas en alto)

(**) Por si a alguien le interesa, mis autores favoritos son Unamuno y Oscar Wilde. 




lunes, 28 de noviembre de 2016

Habrá que ver si me convences, Mercedes



Tarde, tarde, siempre llego tarde.   Cuando todo el mundo ha visto, ensalzado o despotricado sobre el nuevo programa "literario" que presenta Mercedes Milá, ConvénZeme, y casi a punto de que haya una nueva emisión sobre la que volcar nuestras emociones, aprovecho un ratito y veo la emisión en la web de la cadena junto con parte de mi familia.  Mi familia, que sufre mis pasiones y mis vicios, como yo sufro los suyos, tenía curiosidad esta vez. Por que todo el mundo hablaba de ello, porque los adolescentes no saben quién es Mercedes Milá fuera de Gran Hermano. Y quiero pensar que es también porque algo les pica la curiosidad literaria.

Iba libre de prejuicios, desconociendo el formato, la duración, si tenía invitados o era un programa de entrevistas... sí, así: con la mente abierta y limpia. Sin hacer caso de lo que algunos críticos de programas culturales (¿entra ahí Pasapalabra?) iban soltando por las redes; que si era bochornoso, que qué falta de criterio de los participantes, que cómo son capaces de endiosar la literatura uy, perdón, los libros de autoayuda, y porqué embarran el buen nombre de tan afamado escritor, con qué derecho se creen a opinar de este libro tan estupendo como si fuesen críticos de gran trayectoria, etc. Y ya puestos, me he esperado una semana más para tener un poco más de información, porque no me pareció tan terrible el primer programa.

Efectivamente, cuando propuse en casa ver el segundo, me sorprendió que aceptasen tan rápido. ¿Por qué?

  1. El primer programa se nos hizo corto.
  2. Conocíamos algunos de los libros sobre los que hablaron, pero no teníamos opiniones sobre ellos.
  3. Hubo debate sobre porqué algunos de los presentes se decantaron por un título que a nosotros nos horrorizaba y viceversa.



En este segundo programa, una lectora daba una opinión favorable, bastante en consonancia con la que yo tengo, de "El principito", que fue denostado en el anterior, catalogado de ñoño y no recuerdo qué más. Bien, esto me gusta: hay opiniones a favor y en contra, opiniones personales, no olvidemos.

Un lector habló de "Los girasoles ciegos" y, si bien no contó demasiado de la obra en sí, sí que explicó porqué ese libro marcó un punto de inflexión en su vida. Bravo. Los libros impactan, dejan su huella. Quizá no por su excelsa prosa o su gran argumento, sino también por el momento en que llegan a tu vida, porque los personajes entran en tu corazón o te dejan indiferente. ¿No es esta una gran virtud de la literatura? ¿Quién tiene la última palabra para decidir si un libro es bueno o es malo? Con tantísimas corrientes críticas, desde perspectivas académicas contrarias las opiniones respecto al mismo texto son tan variadas como rebuscadas.  

En el tercer programa, (ya emitido, pero que aún no he visto) está invitada Lucía Etxebarría, de quien hicieron una crítica negativa.  Tengo ganas de ver qué ocurre. Saber si este formato tenderá hacia una vertiente más comercial, con luchas y enfrentamientos, para amenizar al televidente, y que no quede en un mero programa cultural

Con estos dos programas que he visto, salvo que me hagan cambiar de opinión, creo que seguiré viéndolo.  Cada lector es un mundo, cada libro, un universo. Como dijo Barthes, una vez que lo escrito es leído, ya no es tan solo la obra del autor, sino que pasa a ser propiedad del lector que entenderá el mensaje emitido en el contexto de su conocimiento, cultura y experiencia.

Y a mí me gusta ver qué opina la gente. Por qué a ellos les ha gustado y por qué creen que a mí me gustaría o no. En fin, lo que llevan haciendo mis amigos toda la vida, recomendándome libros que en ocasiones les habría tirado a la cabeza y dándome pistas de si algo puede gustarme, según quien me lo recomiende.

Así que, Mercedes, a ver si nos convencen.