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viernes, 6 de enero de 2017

Tarro libros 2017








Empezamos el año lector con mucha ilusión y un reto del que tenía conocimiento, pero en el que no había participado hasta ahora. Se trata de la tercera edición de Tarro libros, promovido por el blog Carmen y amigos. Es un reto sencillo. Se escoge un tarro y lo decoramos al gusto y por cada libro que terminemos de leer, introduciremos un euro u otra moneda local con un papelito indicando a qué libro corresponde.  

Al final del año, dependiendo de lo prolijas que hayan sido nuestras lecturas encontraremos ¡oh, sorpresa! una cierta cantidad de monedas que gastaremos en ¿sabéis qué? sí, en comprar más libros, esta adicción que poseemos la mayoría de los lectores y que alimenta nuestras estanterías, nuestra imaginación y nuestra vida social lectora. 

Me estaba planteando asignar distintas cantidades según las páginas del libro leído: los de menos de 200 páginas 50 céntimos, los que tengan entre 200 y 400 un euro y los que pasen de esa cantidad, dos euros.  El caso es que me ha parecido mucho más simbólico el tema un euro / un libro. Y ya se arreglarán las medias mátematicas entre ellos.

Y ni corta ni perezosa, he elegido mi tarrolibro, que ya tiene su primera monedita, la que corresponde a "El blog de la Doctora Jomeni" y está esperando la del futuro pretendiente que le sigue detrás. 




Probablemente no rebosará tanto como el ánfora que encabeza esta entrada, pero opino que es un destino muy romántico para estos ahorrillos; lo que viene de los libros, se va en libros.

¿Qué os parece esta iniciativa? ¿Os apuntáis?






lunes, 19 de diciembre de 2016

Sí, leo best-sellers ¿y qué?




Desde principios de año, estaba intrigada. Durante mis viajes hacia el trabajo, había visto a varias personas con la nariz incrustada en un tocho, sin levantar la vista en todo el trayecto. Esto es normal, digan lo que digan, en este país se lee, y mucho. Pensé que tras las navidades, probablemente habrían caído varios regalos literarios y no tenían por qué ser actuales: Un Rothfuss, un Zafón, un Follett... las obras completas de Shakespeare ¡Qué sé yo!

El caso es que coincidí varios días en mi parada con una muchacha que casi se queda en tierra más de una vez por estar leyendo como una posesa, así que como buena curiosa que soy un día le pregunté que qué leía y me dijo "¡Soy Pilgrim! ¡No la conoces! ¿te gustan las novelas de espías? ¡Esta es de lo mejor que he leído en mucho tiempo!" (Así me lo dijo, sí, con todas esas exclamaciones). Ya me contó que si era muy actual, que le estaba dando un poco de mal rollito porque le parecía tan verosímil, tan contemporánea, pero que no podía parar.  Y me recomendó que la leyera.

Y mientras estaba preparando esta entrada, mira por donde me encuentro que Manuela, de Entre mis libros y yo,  hace una estupenda reseña aquí  antes de que me dé tiempo a publicar mis impresiones.

Conociendo el título, investigué un poco; que si era lo mejor que se había escrito después de Forsythe, que si ochocientas páginas parecen treinta, que si estaba tan bien documentada que era escalofriante, bla, bla, bla.

Qué queréis.  Tenía que leerlo. Y me gustó. Y a mi señor esposo. Y a nuestro hijo. Porque es trepidante, porque (suponemos) está bien documentado y conocemos de primera mano la historia, los lugares, los sentimientos. Porque son capítulos cortitos con cliffhangers (*) . Vamos, lo que viene siendo un Best-seller en toda regla. Y es que los Best-sellers gustan, por eso se venden tan bien. O no gustan, porque te los lees cuando te los recomienda alguien a quien le ha gustado y no coincidís en nada y no le vuelves a hacer caso nunca más, que los euros son los euros y el espacio en las estanterías también, y esa suele ser otra característica de los Best-sellers, son caros. Y para justificar el precio los editan en pastas duras, formato grande y portada vistosa, los puedes regalar y quedas bien (o no).

En una de mis lagunas lectoras, volví al redil con estos libros. MEG de Steve Alten, Las hormigas de Bernard Werber, La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón, me devolvieron la chispa que encendió mi deseo lector, y por ello les estoy agradecida. Reconozco que algunos no están especialmente bien escritos, tienen tramas que cojean o se inventan hechos históricos... Pero también me gusta ver Misión imposible o la saga de las aventuras del bibliotecario. Aunque os esté dando la impresión contraria, también discrimino, ¿eh? que no leo ni veo cualquier cosa.



Durante las filologías teníamos que leer muchos libros; daba igual que nos agradasen más o menos, pero teníamos que destriparlos desde varios prismas críticos, con un plazo determinado, para entregar trabajos, y otras obligaciones que no nos agradaban tanto. Me divierte que mi hermana, filóloga también, diga que su autor favorito (**) es Stephen King.  Y me divierte porque la gente se echa las manos a la cabeza, esperando que nuestra respuesta sea James Joyce o Shakespeare. (Quien, por cierto, en mi opinión, era un señor que escribía mucho, mucho, mucho, para ganarse el pan con sus representaciones teatrales que tenían que gustar al amplio y llano público de aquel entonces. Ya sí queréis, de mi amigo William hablamos otro día).

¿Y vosotros, leéis Best-sellers?



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(*) Para quien no conozca el término, de acuerdo con la Fundeu, son esas escenas impactantes con las que concluye un capítulo o temporada, usadas intencionadamente para dejar al espectador-lector con el gusanillo y que siga enganchado . (Los guionistas en España lo llaman dejar las tramas en alto)

(**) Por si a alguien le interesa, mis autores favoritos son Unamuno y Oscar Wilde. 




lunes, 28 de noviembre de 2016

Habrá que ver si me convences, Mercedes



Tarde, tarde, siempre llego tarde.   Cuando todo el mundo ha visto, ensalzado o despotricado sobre el nuevo programa "literario" que presenta Mercedes Milá, ConvénZeme, y casi a punto de que haya una nueva emisión sobre la que volcar nuestras emociones, aprovecho un ratito y veo la emisión en la web de la cadena junto con parte de mi familia.  Mi familia, que sufre mis pasiones y mis vicios, como yo sufro los suyos, tenía curiosidad esta vez. Por que todo el mundo hablaba de ello, porque los adolescentes no saben quién es Mercedes Milá fuera de Gran Hermano. Y quiero pensar que es también porque algo les pica la curiosidad literaria.

Iba libre de prejuicios, desconociendo el formato, la duración, si tenía invitados o era un programa de entrevistas... sí, así: con la mente abierta y limpia. Sin hacer caso de lo que algunos críticos de programas culturales (¿entra ahí Pasapalabra?) iban soltando por las redes; que si era bochornoso, que qué falta de criterio de los participantes, que cómo son capaces de endiosar la literatura uy, perdón, los libros de autoayuda, y porqué embarran el buen nombre de tan afamado escritor, con qué derecho se creen a opinar de este libro tan estupendo como si fuesen críticos de gran trayectoria, etc. Y ya puestos, me he esperado una semana más para tener un poco más de información, porque no me pareció tan terrible el primer programa.

Efectivamente, cuando propuse en casa ver el segundo, me sorprendió que aceptasen tan rápido. ¿Por qué?

  1. El primer programa se nos hizo corto.
  2. Conocíamos algunos de los libros sobre los que hablaron, pero no teníamos opiniones sobre ellos.
  3. Hubo debate sobre porqué algunos de los presentes se decantaron por un título que a nosotros nos horrorizaba y viceversa.



En este segundo programa, una lectora daba una opinión favorable, bastante en consonancia con la que yo tengo, de "El principito", que fue denostado en el anterior, catalogado de ñoño y no recuerdo qué más. Bien, esto me gusta: hay opiniones a favor y en contra, opiniones personales, no olvidemos.

Un lector habló de "Los girasoles ciegos" y, si bien no contó demasiado de la obra en sí, sí que explicó porqué ese libro marcó un punto de inflexión en su vida. Bravo. Los libros impactan, dejan su huella. Quizá no por su excelsa prosa o su gran argumento, sino también por el momento en que llegan a tu vida, porque los personajes entran en tu corazón o te dejan indiferente. ¿No es esta una gran virtud de la literatura? ¿Quién tiene la última palabra para decidir si un libro es bueno o es malo? Con tantísimas corrientes críticas, desde perspectivas académicas contrarias las opiniones respecto al mismo texto son tan variadas como rebuscadas.  

En el tercer programa, (ya emitido, pero que aún no he visto) está invitada Lucía Etxebarría, de quien hicieron una crítica negativa.  Tengo ganas de ver qué ocurre. Saber si este formato tenderá hacia una vertiente más comercial, con luchas y enfrentamientos, para amenizar al televidente, y que no quede en un mero programa cultural

Con estos dos programas que he visto, salvo que me hagan cambiar de opinión, creo que seguiré viéndolo.  Cada lector es un mundo, cada libro, un universo. Como dijo Barthes, una vez que lo escrito es leído, ya no es tan solo la obra del autor, sino que pasa a ser propiedad del lector que entenderá el mensaje emitido en el contexto de su conocimiento, cultura y experiencia.

Y a mí me gusta ver qué opina la gente. Por qué a ellos les ha gustado y por qué creen que a mí me gustaría o no. En fin, lo que llevan haciendo mis amigos toda la vida, recomendándome libros que en ocasiones les habría tirado a la cabeza y dándome pistas de si algo puede gustarme, según quien me lo recomiende.

Así que, Mercedes, a ver si nos convencen.








miércoles, 16 de noviembre de 2016

Bibliotecas y préstamo digital

Me encanta leer. A mis hijos les encanta leer. De pequeños les decía que, si se portaban bien y hacían pronto los deberes, de premio iríamos a ¡la biblioteca! Ese maravilloso lugar donde podían elegir entre mil historias para ver y leer, decorado con dibujos y donde, una vez a la semana, alguien nos contaba un cuento. 

 Las bibliotecas siempre han sido un recurso inestimable para estudiantes, donde casi cualquier libro que necesitases para consultar estaba a nuestra disposición. Como lectora he acudido con asiduidad, para curiosear, descubrir novedades y leer algún libro que después acabaría comprándome, más de una vez, para contarlo entre mis preciadas posesiones. ¿Quién de nosotros, lectores, no ha sacado unos cuantos libros para devorarlos en vacaciones? 

En esta era digitalizada, yo sigo acudiendo a la biblioteca. Me gusta pasear entre sus estanterías, ver qué han expuesto en la estantería de la entrada, decidirme por algún volumen y volver a casa con mi regalo temporal. Y además, ahora, tengo otra alternativa, para utilizar desde casa. 

¿Conocéis el servicio de eBiblio?



Como dicen en su web:


eBiblio Madrid es un servicio de préstamo de libros electrónicos a través de Internet, que las bibliotecas y servicios de lectura pública ubicados en la Comunidad de Madrid ponen a disposición del ciudadano. eBiblio Madrid ofrece una plataforma tecnológica que permite acceder al catálogo y realizar el préstamo de obras en formato digital para poder leerlas en diferentes dispositivos: tabletas, teléfonos inteligentes, ordenadores personales o lectores de libros electrónicos compatibles con DRM de Adobe.
Para utilizar eBiblio Madrid se necesita el carné de usuario de las bibliotecas y servicios de lectura pública ubicados en la Comunidad de Madrid.

Interior de la Biblioteca Nacional de España, sede Recoletos.

¿Qué hay que hacer para optar a este servicio? Sencillo. Si tienes carnet de alguna biblioteca, solicitas allí que te den de alta. Rellenas un formulario y te avisan por e-mail cuando se haya activado tu inscripción con tus claves de acceso.  Funciona básicamente como una biblioteca física, puedes sacar un máximo de tres libros en préstamo a la vez, durante veintiún días y se puede renovar con tres días de antelación, siempre que no haya reservas pendientes sobre el título.  


¿A que está bien? Yo ya lo he utilizado. Por la noche, tranquilamente, después de cenar, estuve dando vueltas y más vueltas por los entresijos del programa.  Lo puedes leer en un dispositivo digital descargándote la app correspondiente. O también leer en la pantalla del ordenador.  A gusto del consumidor.  

Y sin salir de casa en esa fría noche lluviosa... puedes comentar los libros con otros lectores, si así lo deseas, en la propia web de eBiblio, o compartir en redes sociales, como ya es habitual con los botones colocados junto a los formularios. Tengo que investigar un poco más a fondo, ver cómo funcionan las reservas, si aceptan desideratas, etecé. Otro vicio lector. Qué le vamos a hacer. 


Lo malo:  No cierra. Y puedes estar horas enfrascado en la biblioteca virtual, como el ratón que eres. 

Ratón de biblioteca (ilustración de Torben Kuhlmann)

Podéis indagar aquí:  eBiblio