sábado, 5 de noviembre de 2016

Monstruos, miedos e imaginación

Noviembre comienza. Día de Todos los Santos. La víspera se celebra también, en diversas regiones, con distinto nombre y variopintas celebraciones, más o menos populares o comerciales.


Cuando era pequeña leíamos o veíamos representaciones de Don Juan Tenorio. Miedo daba, desde luego, ver cómo se lo llevaban al infierno, con esa culpa sin redimir por un amor imposible y maldito. Cementerios, espíritus, toda una parafernalia paranormal y romántica que para sí quisieran muchas novelas actuales.

Y ahora, entre tanto Halloween, tanta calabaza y tantos caramelos, me piden recomendaciones "de miedo" para que lean unos jovencitos en estas fechas.


¿Miedo? La sola mención de Drácula ha causado pánico durante décadas, y ahora los vampiros modernos de la saga Crepúsculo, o los no muertos de Ghost Girl son la lectura que utiliza mi hija antes de irse a dormir, y no, no teme que vayan a morderle la yugular.  Los tiempos cambian y lo que antes nos horrorizaba, ahora es motivo de jolgorio, disfraces y festejos.  En 1920, la película del Golem, basada en la novela de Gustav Meyrink del mismo nombre, mostraba los rostros llenos de pánico ante el monstruo de piedra que había cobrado vida.  Más aversión me produce pensar en los psicópatas ocultos tras una apariencia de persona normal y amable con sus semejantes, como el vecino, como nos muestra Stephen King en La tienda o R.L. Stevenson en El extraño caso del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde.





Uno de mis favoritos es Frankenstein. Ese acoso al que el monstruo somete a su creador, los parajes por los que le persigue, la venganza sobre los inocentes ante la imposibilidad de obtener lo que pide y la impotencia del creador, que si bien le trajo a la vida, se debate ante la dificultad de quitársela. Y también por el ambiente romántico en el que estuvo inspirada la autora, Mary Wollstonecraft Shelley, y todas las implicaciones que podemos extraer de este texto, que va mucho más allá de la historia que muchos hemos conocido por el cine.

Cada cual tiene sus temores y se ve más o menos atrapado en un libro, sin querer levantar la vista de sus páginas, con la esperanza de llegar a la solución sin sufrir mucho. Yo estuve mirando sobre mi hombro todo el tiempo, leyendo desde una esquina para tener mis espaldas protegidas, mientras devoraba Zig Zag, de José Carlos Somoza, si bien algún conocido no entendió mi inquietud. Hay quien dice que It, de Stephen King, que no he leído, es de lo más terrorífico que ha podido encontrar.  A mí, particularmente, lo que he leído de King me produce más bien mal humor, mala leche concentrada, con esos personajes tan malvados. No como los amables protagonistas de El pequeño vampiro, o mi querido fantasma Mac Latha, habitante de "The Chims", residencia del personaje de tebeo Sir Tim O'Theo, que hizo las delicias de mi juventud. Además, hace poco he conocido otro tipo de personajes inquietantes, los que pueblan los cuentos reescritos por Rafael González en su antología Ni colorín, ni colorado. Historias conocidas desde hace tiempo reescritas con un tono peculiar.

¿Qué libros consideráis vosotros terroríficos?